Ahogamiento seco y ahogamiento secundario, ¿cómo diferenciarlos?

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Amalia Arce, pediatra y autora de Diario de una mamá pediatra

El ahogamiento es uno de los accidentes más frecuentes entre los niños. En cuanto empieza la época estival, ya tememos escuchar estas trágicas noticias en los medios.

En las estadísticas de accidentes infantiles suele estar en el segundo puesto. Uno de los hechos más terribles es saber que en la gran mayoría de casos son evitables.

El ahogamiento es uno de los accidentes más frecuentes entre los niños.

Aclarando conceptos sobre el ahogamiento

En los últimos años ha habido cierta alarma en la prensa tratando sobre el llamado ahogamiento seco que en otros textos se ha catalogado como ahogamiento secundario,. Esto ha sido a partir de algún caso trágico sucedido en Estados Unidos y que se etiquetó -probablemente de forma errónea- de esta manera.

Para que no haya confusiones, voy a detallar la terminología relacionada con este tipo de accidente.

  • Lesión por inmersión: Incluye todo los episodios y sus consecuencias originados por inmersión o sumersión en medio líquido.
  • Ahogamiento: Se refiere a la muerte producida por asfixia tras inmersión en medio líquido.
  • Casi ahogamiento: Se refiere al diagnóstico de un paciente que se recupera por lo menos durante 24 horas tras un episodio de inmersión. Para considerar que ha habido un casi ahogamiento, no es válida cualquier situación que pueda producirse en el agua: tiene que haberse producido alguna consecuencia de la inmersión como alteración en el nivel de conciencia, neumonía o síntomas como la dificultad respiratoria.
  • Ahogamiento húmedo: Es el convencional y se produce tras la aspiración de líquido por los pulmones.
  • Ahogamiento seco: Se conoce como ahogamiento seco al tipo de ahogamiento en el que hay un escaso o nulo paso de agua a los pulmones. Se produce como consecuencia de un espasmo en la zona de la laringe, que provoca una apnea y posteriormente secuelas pulmonares.  Es un subtipo que no está aceptado por todos los profesionales, puesto que es posible que no observemos agua en los pulmones porque se haya reabsorbido. La cantidad de agua que tiene que llegar a los pulmones para que se produzca un ahogamiento es en realidad muy poca, de apenas 3-4 mililitros por kilo de peso (en un niño de 15 kilos, ¡pueden ser suficientes 50 mililitros de líquido!), de forma que puede no ser perceptible en la radiografía, a pesar de que haya habido líquido que ha comprometido el intercambio de oxígeno en los pulmones.
  • Ahogamiento secundario: Se considera este diagnóstico cuando se ha producido la muerte por ahogamiento, pero tras sobrevivir al primer día tras el accidente.

En un niño de 15 kilos pueden ser suficientes 50 ml de agua para que se produzca un ahogamiento.

Sintomatología del accidente por inmersión

Los síntomas que podemos encontrar van a depender bastante de la gravedad del episodio. En resumen los síntomas principales son de 2 tipos:

  • Desde el punto de vista respiratorio, la función puede ser normal o casi normal, tener dificultad para respirar, tos, apneas o presencia de secreciones.
  • A nivel neurológico puede haber desde un nivel de conciencia normal, un cierto aturdimiento o hasta el coma profundo.

Y entonces, ¿cómo podemos valorar la gravedad del episodio?

De entrada, la duración de la inmersión suele estar relacionada con el pronóstico y la evolución de los síntomas. Sin embargo, suele ser muy difícil estimar el tiempo que un niño ha pasado en el agua antes de que alguien se dé cuenta…

La duración de la inmersión suele estar relacionada con el pronóstico y la evolución de los síntomas.

Si existe buena respuesta a las maniobras de reanimación inicial, como mínimo es una buena señal. Sin embargo, todas las víctimas de un ahogamiento que han sufrido pérdida de conciencia deben ser evaluadas en un medio hospitalario, donde se mantendrán en observación un mínimo de 4-6 horas si todo es normal en este periodo.

Si aparecen síntomas respiratorios, alteración del nivel de conciencia o alteración en la radiografía o en las analíticas, ¡hay que actuar! La sintomatología puede empeorar con el paso de las horas y conforme van apareciendo las consecuencias de la falta de oxígeno de los pulmones. Pero, en cualquier caso, suele haber coherencia entre las características del episodio y las secuelas que pueden aparecer con posterioridad.

Y por último y no menos importante… ¡la prevención!

Más que liarnos con la terminología –esto nos toca a los pediatras- la parte que como madres y padres debe importarnos es la prevención de los accidentes relacionados con el agua. Pensad que la cantidad de agua necesaria para que un niño tenga una lesión por inmersión es pequeña, así que la vigilancia activa es la principal premisa.

2018-07-03T07:56:29+00:003 julio, 2018|Categorías: Infancia|Etiquetas: , , |Sin comentarios

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