El andador fue un elemento casi universal en los hogares españoles de los años 70 y 80. Casi en cada casa en la que había un bebé había uno. Pero, con el paso de los años, y las nueva corrientes educativas y de crianza que apuestan por un retorno a procesos más naturales, el andador ha sido puesto en cuestión. ¿Es recomendable? ¿Es seguro e inocuo su uso? En este artículo damos respuesta a esas dudas

Fisonomía de un andador

El andador es un artilugio bastante aparatoso. Consiste en una silla con una bandeja alrededor, en la que suele haber algún elemento móvil que emita sonido, que se complementa con un aro de ruedas en su parte inferior. Ese aro permite que el bebé se desplace por el espacio en el que esté sin necesidad de que haya un adulto a su lado. A priori, por tanto, le dota tanto de movilidad como de autonomía.

¿Es recomendable el uso del andador?

En la actualidad, la máxima en cuanto a hitos del bebé y desarrollo es «sigue al niño». En ella se resume la idea de respeto por unos procesos madurativos que parece lógico respetar.

En el andador, el bebé no controla la marcha ni la velocidad. Casi se mueve por inercia. De esta manera no aprende a caer de forma natural.

Cuando se coloca a un bebé en un andador no va sentado. Está en una postura semicolgado, apoyando su cuerpo en el suelo sobre las puntas de los pies. Esto hace que el modo de desplazarse sea, en cierta manera, antinatural, ya que no usa las plantas de los pies para ello. De esta manera, desarrolla músculos como los de las pantorrillas, pero no los de los muslos o las caderas, tan necesarios para iniciar la marcha. Además, se pueden favorecer problemas de cadera, igual que sucede cuando no se portea adecuadamente. Si el bebé permanece muchas horas en el andador, pueden llegarse a producir malformaciones en pies y piernas.

Otro de los inconvenientes es que en el tacatá el bebé no controla la marcha, ni la velocidad de la misma. Casi se mueve por inercia. De esa manera se pueden producir choques, caídas y traumatismos que serían bien diferentes si el bebé no fuera en él. Porque otra de las cosas destacables es que no aprende a caer de manera natural y, por tanto, desconoce qué hacer cuando le ocurra.

Entonces, ¿cómo fomentamos que nuestro bebé camine?

Como decíamos, la mejor manera de fomentar que un bebé camine es dejar que siga su desarrollo natural. Según crezca irá tomando conciencia de su cuerpo, de sus dimensiones, así como de sus capacidades. Cada fase es importante. En este punto cabe recordar que algunos bebés no pasan por el gateo y se arrancan directamente a caminar. Tranquilos, no hay ningún problema por ello. Si sus ritmos se han respetado es que está preparado. 

¿Habéis usado andador con vuestros peques? ¿Cuál fue vuestra experiencia?