Los consejos de la pediatra: cuidando de un recién nacido sin miedo

Por Diario de una mamá pediatra

El final del embarazo se hace largo. Parece que el momento del parto nunca llega. Y por fin está aquí. Nace tu bebé y los primeros días en el hospital pasan muy rápido. En ese medio es fácil que te sientas protegida. Al menos no tienes que preocuparte por qué vas a comer cada día o por si la casa está desordenada.

Sin embargo lo que suele ocurrir es que desde el mismo día que llegas a casa con tu bebé recién nacido te asalten miles de dudas que nunca pensaste que tendrías.

La primera vez que vayas al pediatra puedes llevar una lista tan larga de preguntas que casi te dé reparo. Y te confieso que muchas veces las preguntas que me hacen las madres y los padres recientes son tan extrañas que, … ¡no sé qué contestar! Un recién nacido no es un ser de otro planeta, a grandes rasgos cuidarle no es tan diferente de cuidar a cualquier otro ser humano. Aunque es normal la sensación de “presión” o ligera “ansiedad” si es la primera vez que cuidas a alguien que parece vulnerable.

El bebé, al igual que el resto de personas, necesita comer, dormir, estar limpio, socializarse. Más o menos como tú. Pero adaptado a su edad. Lo que es “normal” a una edad u otra puede ser muy diferente en el caso del recién nacido. No te asustes e intenta guiarte por el sentido común. Si tu sentido común parece estar de vacaciones, simplemente intenta “fluir”, dar un paso detrás de otro, sin prisa pero sin pausa.

 

Algunas cosas que no deberían preocuparte

El cordón umbilical es una parte de la fisonomía del cuerpo que estará presente los primeros días de vida. La cicatriz de su caída es el ombligo. Conforme pasan los días tras el parto se va secando y se acaba cayendo. Dependiendo del grosor que tenga, se caerá más o menos pronto, pero casi siempre dentro de las primeras dos o tres semanas. Seco y limpio es su estado ideal.

Lo frágil que parece la piel del bebé. En los primeros días de vida muchos niños se descaman, parece que cambien toda la piel.

La zona que es más importante tener limpia es el área del pañal que está constantemente expuesta a la orina y las deposiciones. El cambio de pañal debe ser muy frecuente, evitando que estén sucios.

El bebé se puede bañar entero, sumergido, aunque no es necesario hacerlo todos los días. Se recomienda esperar a que se haya caído el cordón umbilical, para favorecer que se caiga sin complicaciones. A algunos niños el baño no les gusta, por lo menos los primeros días. A otros les encanta, quizá porque les recuerda su época prenatal. Acepta esas preferencias y ten paciencia. El baño no debe ser muy prolongado y se debe evitar que coja frío.

La temperatura del hogar tiene que ser la que habitualmente tengamos. Papá y mamá tendrán que ponerse de acuerdo en este punto, algo no siempre fácil (parece que el termostato de hombres y mujeres nunca coincide). Aunque el bebé tiene menos capacidad de conservar el calor porque tienen una diferente distribución de la grasa corporal y por lo general llevará una capa de ropa más que nosotros, no te obsesiones.

En cuanto a salir a dar un paseo, es una actividad que los niños les chifla. Muchos “males” se solucionan saliendo a pasear. El momento para empezar a salir depende más de lo bien que se encuentre la madre después del parto que del propio niño. O de si hay hermanos que tiran del carro y entonces no tendrás demasiado tiempo en pensar si puedes o no puedes salir. Los lugares con mucha gente (centros comerciales, grandes aglomeraciones) o donde haya humo de tabaco no suelen ser los más apropiados.

El hecho de querer tratar al bebé con delicadeza es lógico –y muy buena idea-. El cuerpo del recién nacido es delicado y frágil, más cuanto menor es el peso de nacimiento. Aunque seguramente no tanto como podemos pensar la primera vez que tenemos a nuestro bebé en brazos.

Relájate y disfruta: pronto su cuerpo habrá adquirido otras dimensiones menos manejables.

 

2015-03-06T14:33:54+00:00 Diciembre 29th, 2014|Categorías: Mamás blogueras|Etiquetas: |Sin comentarios

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