Seguro que el término mamitis ha llegado a tus oídos, bien porque alguna amiga te haya contado su experiencia o bien porque estés viviéndolo en carnes propias. Sea como sea, la mamitis es una fase por la que muchos niños pasan y en muchas ocasiones es percibida como negativa. Esta etapa suele aparecer en torno a los dos años de edad, en un momento dado sólo quieren estar con mamá; rechazando incluso la presencia de otros miembros de la familia o de papá. No se trata de un rechazo consciente, no es que no quieran a su papá o a sus abuelos, sino de una búsqueda de protección en la figura de apego principal, que suele ser la madre.

Este importante momento madurativo implica una necesidad de protección, confianza, seguridad, por ello los chiquitines buscan afanosamente a mamá. Es cierto que las madres pueden llegar a sentirse agobiadas o incluso pensar que algo se ha hecho mal. Muy lejos de la realidad, se trata de una fase muy común y necesaria en su desarrollo. Sólo debemos darles lo que necesitan. Seguridad e infinito cariño para que puedan dar el siguiente paso en su evolución hacia la madurez. Paciencia y amor suelen ser las dos claves para ayudar a nuestros hijos a dejar atrás esta fase.

De repente tiene mucha más mamitis, ¿qué ha podido suceder?

Cualquier cambio en la vida de los niños puede implicar una pérdida de seguridad y confianza y por ello necesitan refugiarse en aquello que les hace sentir mejor. La figura de mamá.

–          La llegada de un hermanito.

–          Un cambio de casa.

–          Un viaje o desplazamiento, como pueda suceder en vacaciones.

–          El inicio de la guardería o un cambio en la persona que les cuida.

–          Una enfermedad que les aparte de su rutina habitual.

¿Es algo negativo?

En ocasiones se hace pensar a las madres que esta fase de dependencia es algo negativo y que puede influir de modo nocivo en su posterior desarrollo. Pero, ¿acaso tú, mamá, no tienes hijitis? A nosotras, las madres, nos encanta pasar el mayor tiempo posible al lado de nuestros pequeños. Disfrutar de su día a día, de sus juegos, de sus abrazos. Los extrañamos si nos vamos a trabajar, nos quedamos embobadas viéndoles dormir, y arañamos minutos al día para poder disfrutarlos a su lado.

Parece que esta fase de mamitis no es tan mala, ¿no os parece? Es un buen momento para disfrutar de ese vínculo maravilloso madre-hijo. No hay nada como el amor para reforzar la confianza de nuestros hijos. Influir positivamente en su autoestima y ayudarle de este modo a convertirse en un niño feliz, seguro, sabiéndose querido y protegido.

Fomenta que pase muchos momentos con papá o con otros miembros de la familia, pero siempre sin forzarle; estando tú presente y ausentándote algún ratito. Pero asegurándote que tu peque sabe dónde estás.

Intenta que papá participe de vuestros momentos de juegos, para que ese dúo inseparable que sois se vaya convirtiendo poco a poco en un trío.

La etapa de los dos años es un momento lleno de cambios para nuestros pequeños. Nuestro amor junto con el apoyo incondicional que les brindamos les ayudará a convertirse en maravillosos niños.

¿Cómo viviste ese momento?, ¿cómo fueron aquellos días de mamitis?