Cómo acabar con rabietas, mordiscos y golpes en la escuela infantil

  • rabietas

Por Ana Saro, psicóloga en Bliss Psicología

Susana llega corriendo, como casi todos los días, a la guarde de su peque. Cuando entra en el aula, la profe de su hijo se dirige a ella muy seria y le dice: Susana, tenemos que hablar, Javi ha vuelto a pegar a sus compañeros y los padres están muy molestos. Ya son varias veces y las quejas están empezando a ser bastante serias. Y Susana piensa: ¡Oh, no!, otra vez no. Ya no sé qué hacer.

Supongo que si os ha llamado la atención el título del artículo es porque alguna vez os habréis visto en una situación parecida.

¿Es normal que los niños peguen?

Pegar o morder son conductas normales entre los 18 meses y los 2/3 años. Todavía no dominan suficientemente el lenguaje como para expresar lo que sienten o lo que quieren, tienen poco control sobre sí mismos, son bastante impacientes y poco tolerantes a la frustración. Quieren un juguete, que les hagan caso, solicitan mimos o están enfadados y no saben manejarlo. Hasta aquí entra dentro de lo normal, todos los niños lo hacen alguna vez. Pero en ocasiones la conducta se da muy seguida, o es excesivamente violenta, o el niño ya tiene más de 3 años, con lo que debería empezar a usar un nivel de lenguaje más completo y no recurrir a este tipo de comportamientos.

Pegar o morder son conductas normales entre los 18 meses y los 2/3 años.

Por qué sucede este comportamiento

Si con anterioridad a la escuela infantil nunca antes había tenido ese comportamiento puede que no se esté adaptando a los cambios que implica: madrugones, separarse de mamá y papá, compartir los juguetes durante varias horas, comer cosas distintas a casa.

A estas edades les cuesta entender el concepto de compartir. Compartir la atención de los adultos, o los juguetes, tener que “negociar” con los compañeros, son experiencias nuevas.

Los niños tienen que aprender a socializarse poco a poco y cada uno tiene su ritmo. Si normalmente está sólo con adultos y de pronto se encuentra con muchos niños a la vez, puede que le cueste aprender a relacionarse.  Y conductas que en casa se han visto normales o no han tenido importancia, ahora se le recriminan continuamente y no lo entiende: no pegues, ahora no puedes hablar, espera tu turno, ahora no toca comer, … haciendo que el niño pierda la paciencia.

En sus primeras edades les cuesta entender el concepto de compartir.

Si nuestro hijo ya iba a la escuela infantil y es un comportamiento nuevo de este año, debemos explorar otras opciones. Quizás haya habido cambios en el profesorado, hay nuevos niños y se siente excluido.

¿Pasan cosas nuevas en casa?: la llegada de un hermano, que los padres estén pasando un mal momento, alguien enfermo o fallecido recientemente, mudanzas, etc.  Estos motivos pueden hacer que el niño exprese su malestar de esta manera.

Puede que sea tan simple como que en casa nunca nos ha parecido que fuera algo tan grave. No es lo mismo que nos pegue o se enfade con nosotros que con otro niño. También varía mucho si lo hace con 11 meses que con 24.

Los niños también actúan por imitación, si se lo hacen a él (por ejemplo un hermano mayor, o lo ve en otros niños) y comprueba que funciona, lo puede asimilar como una táctica para conseguir lo que quiere.

Debemos descartar causas médicas: dolor causado por la dentición, problemas de vista, oído u otros, que hacen que el niño, ante una molestia constante pueda reaccionar de esta manera.

Cómo lo solucionamos

Empecemos por predicar con el ejemplo. Si vemos que en el parque pega o muerde a otro niño y le reprendemos con gritos o malas formas, ¿no es un poco contradictorio?

Debemos corregir su conducta con seriedad pero con calma e intentar que se disculpe cuando tenga estos comportamientos. Debe aprender que después de actuar erróneamente no podrá conseguir lo que quiere. Pero cuando por fin actúe correctamente debemos alabar su comportamiento.

Si queremos corregir estos comportamientos indebidos hay que predicar con el ejemplo.

Es muy positivo intentar que exprese lo que siente y qué lo ha producido. Así veremos qué o quién ha provocado esa reacción para saber cómo proceder. Es importante explicarles (siempre a su nivel) que no pasa nada por enfadarse, pero que hay otras soluciones que no implican agredir a otro, como pedir ayuda a un adulto. Hay que ofrecerles opciones a su conducta.

Por ejemplo: ¿Te ha enfadado que no quieran jugar contigo? Esto sucede algunas veces, no pasa nada, yo también me enfado pero luego se me pasa. En un ratito te sentirás mejor. ¿Te parece que nos acerquemos a esos otros para jugar? De esta manera empezamos a enseñarles educación emocional, búsqueda de soluciones. Es bueno que vean que las emociones son normales y van cambiando.

Por nuestra parte lo más importante será mantener la paciencia y ser perseverantes. No servirá de nada permitir los comportamientos disruptivos unos días sí y otros no.

2018-09-11T13:30:35+00:0020 diciembre, 2017|Categorías: Infancia|Etiquetas: , , , , |1 comentario

Un comentario

  1. Nuria 20 diciembre, 2017 en 6:39 pm - Responder

    Esto me lo apunto para mis peques, gracias por el post, muy interesante e instructivo

Deje su comentario